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El modelo de valor compartido: replanteando el capitalismo mediante la integración social y económica estratégica

El modelo de valor compartido: un nuevo paradigma para las empresas y la sociedad


El modelo de Valor Compartido, introducido por Michael Porter y Mark Kramer, representa un cambio fundamental en la forma de pensar sobre la relación entre las empresas y la sociedad. En lugar de considerar los problemas sociales como externalidades o limitaciones a la rentabilidad, el modelo argumenta que abordar los desafíos sociales puede ser una fuente de ventaja competitiva y creación de valor económico. Esta reconceptualización busca ir más allá de la responsabilidad social corporativa tradicional, integrando la resolución de problemas sociales directamente en la estrategia empresarial central. Este artículo ofrece un análisis a nivel de doctorado del modelo de Valor Compartido, situándolo en la teoría de la gestión estratégica, examinando sus mecanismos y supuestos, y evaluando su relevancia y limitaciones en los sistemas económicos contemporáneos.


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Fundamentos intelectuales y teóricos


El modelo de Valor Compartido se fundamenta en la teoría económica clásica y la gestión estratégica, en particular en el trabajo de Porter sobre la ventaja competitiva y las cadenas de valor. Se basa implícitamente en la teoría de las partes interesadas al reconocer que las empresas operan en un contexto social más amplio. Sin embargo, se aparta de los modelos normativos de partes interesadas al mantener una lógica centrada en la empresa y orientada al rendimiento. Los problemas sociales se enmarcan no principalmente como obligaciones morales, sino como oportunidades para la innovación, la productividad y la expansión del mercado.


La contribución de Porter y Kramer reside en su crítica a la interpretación estrecha del capitalismo que prioriza el rendimiento financiero a corto plazo sobre el bienestar social a largo plazo. Argumentan que muchos problemas sociales, como las disparidades en salud, la degradación ambiental y el subdesarrollo de la fuerza laboral, imponen costos a las empresas y los mercados. Al conciliar el progreso social con la eficiencia económica, el modelo de Valor Compartido aspira a restaurar la legitimidad de los sistemas capitalistas.


Lógica central del modelo de valor compartido


En esencia, el modelo de Valor Compartido afirma que la creación de valor económico y la creación de valor social no son mutuamente excluyentes, sino que se refuerzan mutuamente. Las empresas pueden generar valor compartido redefiniendo productos y mercados para satisfacer las necesidades sociales, mejorando la productividad en la cadena de valor abordando las limitaciones sociales y ambientales, y fortaleciendo los clústeres y ecosistemas locales que sustentan las operaciones comerciales. Esta lógica contrasta marcadamente con el pensamiento tradicional de compensación, donde las inversiones sociales solo se justifican si no afectan la rentabilidad.


En el marco del Valor Compartido, las iniciativas sociales se evalúan desde la misma perspectiva estratégica que otras inversiones. Esto enfatiza la escalabilidad, la sostenibilidad y la rentabilidad económica mensurable. Por lo tanto, el modelo busca alinear los incentivos corporativos con los resultados sociales mediante mecanismos de mercado, en lugar de la redistribución o la filantropía.


Valor compartido y ventaja competitiva


El modelo de Valor Compartido redefine la ventaja competitiva como una función de la capacidad de una empresa para integrar consideraciones sociales en su posicionamiento estratégico. Al abordar las necesidades sociales insatisfechas, las empresas pueden impulsar nueva demanda, diferenciar sus ofertas y fomentar la fidelización de los clientes. De igual manera, las inversiones en el bienestar de los empleados, la eficiencia de los recursos y la resiliencia de la cadena de suministro pueden reducir costos y mejorar la productividad.


Desde una perspectiva basada en recursos, las iniciativas de valor compartido pueden generar capacidades valiosas, excepcionales y difíciles de imitar. Esto es especialmente cierto cuando implican un profundo aprendizaje organizacional o colaboraciones con actores públicos y sin fines de lucro. Estas capacidades pueden conferir ventajas duraderas que van más allá de las estrategias convencionales de costos o diferenciación.


Distinción de la Responsabilidad Social Corporativa


Una afirmación central de Porter y Kramer es que el Valor Compartido es fundamentalmente diferente de la responsabilidad social corporativa. La RSE tradicional suele presentarse como periférica, reactiva y desconectada de las actividades principales del negocio. En cambio, el Valor Compartido se posiciona como parte integral de la estrategia y la creación de valor. Mientras que la RSE se centra en mitigar los daños o redistribuir las ganancias, el Valor Compartido enfatiza la innovación y el crecimiento mediante la resolución de problemas sociales.


Sin embargo, los críticos argumentan que esta distinción es exagerada. Muchas iniciativas de RSE han buscado desde hace tiempo la alineación estratégica y un impacto medible. El debate plantea importantes preguntas sobre si el Valor Compartido representa un paradigma genuinamente nuevo o una renovación de las prácticas existentes dentro de un marco más explícitamente económico.


Críticas y limitaciones teóricas


A pesar de su influencia, el modelo de Valor Compartido ha suscitado numerosas críticas. Una de las principales preocupaciones es su tendencia a priorizar cuestiones sociales que se alinean con oportunidades rentables. Esto podría descuidar problemas socialmente urgentes, pero comercialmente poco atractivos. Esto plantea interrogantes sobre la equidad y el papel del Estado o la sociedad civil a la hora de abordar las desigualdades estructurales.


Otros académicos critican la insuficiente teorización del modelo sobre el poder, el conflicto y las limitaciones institucionales. Al enfatizar los resultados beneficiosos para ambas partes, el modelo de Valor Compartido puede ocultar las verdaderas compensaciones entre los objetivos sociales y económicos, especialmente en sectores caracterizados por externalidades negativas. Además, la evidencia empírica sobre el rendimiento financiero a largo plazo de las iniciativas de valor compartido sigue siendo heterogénea, lo que pone de relieve la necesidad de una evaluación más rigurosa.


Valor compartido en el emprendimiento y la innovación


El modelo de Valor Compartido ha encontrado especial resonancia en contextos de emprendimiento e innovación. Las startups y las empresas orientadas al crecimiento suelen poseer mayor flexibilidad para diseñar modelos de negocio que integren el impacto social desde su inicio. En sectores como la salud, la educación y la agricultura sostenible, la lógica del valor compartido ha inspirado a empresas que, simultáneamente, abordan las deficiencias del mercado y generan rentabilidad competitiva.


Las tecnologías digitales y el análisis de datos mejoran aún más la viabilidad de las estrategias de valor compartido. Reducen costos, mejoran la medición y permiten soluciones escalables a los desafíos sociales. Estos avances sugieren que el valor compartido puede ser especialmente relevante en industrias emergentes donde las fronteras entre el valor económico y el social son cada vez más difusas.


Implicaciones para la política y la práctica


Para los responsables políticos, el modelo de Valor Compartido ofrece un marco para involucrar al sector privado en la resolución de los desafíos sociales sin depender únicamente de la regulación o el gasto público. Al configurar incentivos y apoyar ecosistemas colaborativos, los gobiernos pueden incentivar a las empresas a buscar oportunidades de valor compartido. Para los gerentes y emprendedores, el modelo proporciona una perspectiva estratégica para identificar las intersecciones entre el éxito empresarial y el progreso social.


Sin embargo, una implementación eficaz requiere compromiso organizacional, medición creíble y alineación entre el propósito y la práctica. Sin estos elementos, el valor compartido corre el riesgo de convertirse en retórica en lugar de un cambio transformador.


Conclusión


El modelo de Valor Compartido representa una contribución significativa a los debates contemporáneos sobre capitalismo, estrategia e impacto social. Al replantear los desafíos sociales como fuentes de oportunidad económica, Porter y Kramer ofrecen una visión convincente de las empresas como motor del progreso social. Sin embargo, la eficacia del modelo depende de su capacidad para afrontar las disyuntivas, abordar las desigualdades estructurales e ir más allá de la participación social selectivamente rentable.


Como tal, el Valor Compartido debe entenderse no como una solución universal, sino como un marco poderoso, aunque incompleto, para integrar la creación de valor económico y social en las economías modernas.



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