Una reinterpretación a nivel de doctorado de los marcos de marketing mix 4P y 7P en la estrategia contemporánea
- Miguel Virgen, PhD Student in Business

- hace 3 días
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El marketing mix sigue siendo uno de los marcos más perdurables y ampliamente enseñados en la teoría y la práctica del marketing. A pesar de las reiteradas críticas que lo acusan de simplificar excesivamente las complejas dinámicas del mercado, este marco persiste porque proporciona una forma estructurada de traducir la estrategia en decisiones operativas. Originario de mediados del siglo XX, el Marketing Mix de las 4P se diseñó para ayudar a las empresas a gestionar sistemáticamente variables controlables en la consecución de sus objetivos de mercado. A medida que las economías evolucionaron de una lógica predominantemente de bienes a una lógica predominantemente de servicios, el marco se expandió al modelo de las 7P, lo que refleja la creciente importancia de la interacción humana, el valor experiencial y los procesos organizacionales. Un análisis a nivel de doctorado de los marcos de las 4P y las 7P requiere ir más allá de las listas de verificación gerenciales para comprender sus raíces epistemológicas, supuestos estratégicos y potencial de adaptación en los mercados contemporáneos.
Orígenes intelectuales del marketing mix de las 4P
Los fundamentos conceptuales del marketing mix se remontan a las primeras ideas de marketing que buscaban profesionalizar la toma de decisiones gerenciales. La articulación del "marketing mix" por parte de Neil Borden lo enmarcó como una combinación de ingredientes que los gerentes podían ajustar para influir en la demanda. Posteriormente, Jerome McCarthy sintetizó estos ingredientes en las cuatro categorías, ahora canónicas, de Producto, Precio, Plaza y Promoción. Esta simplificación no fue meramente pedagógica; reflejó una visión gerencial basada en la producción de la era industrial, los mercados masivos y las preferencias relativamente estables del consumidor. El marco de las 4P asume que las empresas son diseñadores activos de ofertas de mercado y que los consumidores responden de forma predecible a los cambios en estas variables. Si bien estas suposiciones han sido cuestionadas, siguen siendo analíticamente útiles para comprender cómo las empresas construyen propuestas de valor y compiten dentro de estructuras de mercado definidas.
El producto como propuesta de valor estratégico
Dentro del marco de las 4P, el Producto representa más que un bien físico; encarna la interpretación que la empresa hace de las necesidades del cliente y sus capacidades tecnológicas y organizativas. En un nivel avanzado de análisis, la estrategia de producto abarca los beneficios principales, las características mejoradas, el diseño, la marca y la gestión del ciclo de vida. Los productos funcionan como repositorios de valor tanto funcional como simbólico, indicando calidad, estatus e identidad. En los mercados contemporáneos, el producto incluye cada vez más elementos intangibles como actualizaciones de software, integración de datos y compatibilidad con el ecosistema. Por lo tanto, las decisiones sobre el producto son inseparables de la estrategia de innovación, la gestión de la propiedad intelectual y el posicionamiento competitivo a largo plazo.
El precio como expresión de valor y poder
El precio ocupa una posición única en el marketing mix porque genera ingresos directamente y, al mismo tiempo, comunica valor. Las perspectivas económicas tradicionales consideran el precio como una función de las estructuras de costos y la elasticidad de la demanda, pero el marketing estratégico lo considera una señal determinada por el posicionamiento de la marca, la dinámica competitiva y la percepción de equidad del cliente. La investigación avanzada enfatiza que la fijación de precios refleja las relaciones de poder entre empresas, intermediarios y consumidores. Los precios dinámicos, los modelos de suscripción y las estrategias freemium ilustran cómo el precio ha evolucionado de una variable estática a una palanca estratégica integrada en modelos de negocio más amplios. En este sentido, el precio no es una mera decisión táctica, sino un reflejo de cómo se crea y se captura valor a lo largo del tiempo.
El lugar y la arquitectura del acceso al mercado
El lugar se refiere a los canales a través de los cuales los productos y servicios llegan a los clientes, abarcando la logística, los socios de distribución y las interfaces minoristas o digitales. Históricamente, las decisiones sobre el lugar se veían limitadas por la infraestructura física y las fronteras geográficas. En contextos contemporáneos, las plataformas digitales, las estrategias omnicanal y los modelos de venta directa al consumidor han transformado el lugar en una cuestión de diseño de la experiencia del cliente. Desde una perspectiva de doctorado, el lugar se entiende mejor como una arquitectura de acceso que configura los flujos de información, los costes de transacción y la proximidad relacional entre empresas y clientes. Las decisiones de distribución influyen cada vez más en el significado de la marca y la ventaja competitiva, en lugar de simplemente determinar la disponibilidad.
Promoción y construcción de sentido
La promoción tradicionalmente incluye publicidad, promoción de ventas, relaciones públicas y ventas personales. A un nivel analítico más profundo, la promoción es el proceso mediante el cual las empresas construyen y difunden significado en los mercados. En lugar de simplemente informar o persuadir, las actividades promocionales participan en las narrativas culturales, la formación de la identidad y el discurso social. El auge de los medios digitales, el marketing de influencers y la segmentación algorítmica ha difuminado los límites entre promoción, producto y lugar. La promoción ahora opera como un proceso interactivo y basado en datos, lo que refuerza la necesidad de considerar el marketing mix como un sistema integrado en lugar de un conjunto de variables independientes.
La expansión del marco 7P en el marketing de servicios
La transición del marco 4P al 7P refleja cambios estructurales en las economías avanzadas, donde los servicios representan la mayor parte de la creación de valor. Los expertos en marketing de servicios argumentaron que la combinación original no lograba captar la naturaleza experiencial, relacional y procesual de los servicios. La incorporación de Personas, Procesos y Evidencia Física reconoce que el valor de los servicios se cocrea a través de interacciones, en lugar de estar integrado únicamente en los resultados. Esta expansión no reemplaza el marco 4P, sino que lo extiende a contextos donde predominan la intangibilidad, la simultaneidad y la variabilidad.
Las personas como interfaz humana de la estrategia
Las personas representan a empleados, gerentes e incluso clientes que participan directamente en la prestación de servicios. Desde una perspectiva estratégica, las personas encarnan la cultura organizacional, el trabajo emocional y el conocimiento tácito. La calidad del servicio, la satisfacción del cliente y la confianza en la marca suelen estar determinadas menos por la estrategia formal que por el comportamiento de los empleados. En un nivel avanzado, la dimensión Personas conecta el marketing con la gestión de recursos humanos, el comportamiento organizacional y los estudios de liderazgo. Las empresas que alinean los incentivos internos, los sistemas de capacitación y las normas culturales con su posicionamiento en el mercado están mejor preparadas para ofrecer un valor consistente y diferenciado.
Proceso y diseño de la creación de valor
El proceso se refiere a los sistemas, rutinas y flujos mediante los cuales se producen y consumen los servicios. A diferencia de los bienes, los servicios suelen experimentarse en tiempo real, lo que hace que el diseño de procesos sea fundamental para la percepción del cliente sobre eficiencia, equidad y fiabilidad. Una interpretación a nivel de doctorado sitúa el proceso dentro de la literatura sobre gestión de operaciones y diseño de servicios, haciendo hincapié en las compensaciones entre estandarización, personalización y escalabilidad. En entornos digitales, los algoritmos y los flujos de trabajo automatizados se han convertido en componentes críticos de los procesos, lo que plantea nuevas preguntas sobre la transparencia, la confianza y la responsabilidad ética.
Evidencia física y la tangibilización de intangibles
La evidencia física aborda el reto de hacer que los servicios intangibles sean perceptibles y creíbles para los clientes. Esto incluye entornos físicos, interfaces digitales, elementos de marca e incluso documentación. A un nivel teórico más profundo, la evidencia física funciona como un sistema semiótico que reduce la incertidumbre y configura las expectativas. En los servicios virtuales y basados en plataformas, la evidencia física adopta cada vez más formas simbólicas y experienciales, como el diseño de la interfaz de usuario y las señales de la comunidad en línea. Esta dimensión destaca cómo la gestión de la percepción es fundamental para la estrategia de servicio.
Reflexiones críticas y relevancia contemporánea
A pesar de su amplia adopción, los marcos 4P y 7P enfrentan críticas por estar centrados en la empresa y no responder adecuadamente a mercados dinámicos e interconectados. La investigación contemporánea en marketing enfatiza las relaciones, los ecosistemas y la cocreación, cuestionando la idea de que las empresas controlan unilateralmente el marketing mix. Sin embargo, la relevancia perdurable de estos marcos reside en su adaptabilidad. Al tratarlos no como listas de verificación estáticas, sino como herramientas heurísticas, los marcos de marketing mix continúan ofreciendo claridad conceptual y disciplina estratégica. Sirven como puntos de partida para integrar teorías más recientes, como la lógica dominante en el servicio, el marketing relacional y la estrategia de plataformas digitales.
Conclusión: Reformulando la combinación de marketing para las becas avanzadas
A nivel doctoral, los marcos de Marketing Mix 4P y 7P deben entenderse como constructos intelectuales en evolución, más que como herramientas de gestión obsoletas. Su fortaleza reside en su capacidad para organizar decisiones estratégicas complejas en categorías coherentes, permaneciendo abiertas a la reinterpretación. En una era definida por la transformación digital, el dominio de los servicios y la creación de valor participativa, el marketing mix sigue proporcionando una base sobre la que se pueden construir teorías más matizadas y contextualizadas. Al analizar críticamente estos marcos, tanto académicos como profesionales pueden comprender mejor cómo las empresas diseñan, comunican y aportan valor en mercados cada vez más complejos.
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